En los barrios, buscan estrategias para enfrentar la inflación

“No tenemos listas de precio”, “te dicen una cosa y cuando llega la mercadería, viene con un aumento que a veces ni te avisaron”, “todas las semanas suben un poquito más” son algunas de las frases con las que los comerciantes de los barrios se refieren a sus proveedores.

Se trata de locales que venden alimentos, productos de primera necesidad de los cuales no se puede prescindir. Sin embargo, los hábitos de los clientes han cambiado y productos que antes formaban parte de la canasta familiar, hoy son un lujo. Por ejemplo, comerse un asado, como relataban en una carnicería.

Aumentos en carnes, todas las semanas

Ajustar las listas de precios a los costos en una cadena de supermercados con sede en otra ciudad puede resultar casi mecánico, pero para los comercios de barrio la realidad es otra. Mirar a la cara a sus clientes -muchas veces, sus vecinos- y decirles que lo que compraron ayer hoy cuesta más es difícil y así lo señalan dueños de panaderías, verdulerías, carnicerías y almacenes ubicados en los barrios de esta ciudad.

Dardo Ramat, de la Carnicería “El 22”, dice que “los precios cambian continuamente, todas las semanas vienen con 10, 15 pesos más y eso no queda otra que ponerlo en los precios porque por más que nos ajustemos, hay costos que no podemos absorber”.

El comercio, con locales en barrio Pueyrredón y Pietrobelli, trabaja sin intermediarios, lo que es una ventaja, “pero así y todo, no podemos mantener los precios porque tenemos que pagar la carne en la semana en que llega, pagamos abasto por lo que viene de afuera como nosotros trabajamos mucho con Sarmiento, y además pagar por lo que elaboramos acá como milanesas, chorizos y hamburguesas” junto con impuestos y servicios que aumentan.

Tres veces en pocas semanas han cambiado los precios y adelantó que tendrán que aumentar otra vez. De todas maneras, aseguró: “cuidamos no aumentar mucho para no perder los clientes, pero a nosotros nos cambian los costos todas las semanas que si los aplicás, no le vendés a nadie”.
La respuesta de los clientes es “buscar la oferta, comprar novillo porque ternera es muy poco lo que se vende. Antes llevaban mil pesos de carne y era una bolsa contundente, ahora con esa plata compran tres kilos y medio de asado”, agregó Ramat.

Con diez años de actividad comercial, la carnicería atraviesa ahora su momento más complicado: “está muy difícil, más cuando tenés todo como corresponde”, señaló el dueño de “El 22”.

También los métodos de pago están en sintonía con esta crisis. “No podemos vender con tarjeta de crédito porque cuando cobrás, en 28 días, no puedo pagar el costo de la carne porque ya aumentó”, dijo el entrevistado.

Almacenes con cambios de precio permanentes

El rubro almacén es otro que llega todo el tiempo con listas de precio actualizadas. Bebidas, gaseosas, alimentos no perecederos y lácteos aumentan en forma casi permanente desde hace unos meses, aseguran quienes tienen pequeños comercios en los barrios.

“No se puede trasladar todo a los precios porque las ventas ya cayeron y si aumento más, directamente no entra nadie”, dicen los almaceneros.
La inestabilidad es un factor que llegó para quedarse, de acuerdo con lo que comentan quienes tienen pequeños comercios: “nos pasa que vendemos algo a un precio y cuando llega el repartidor, ya está más caro que lo que estamos cobrando nosotros en el local”.

“Una locura” el incremento de costos en panadería

Víctor Cuneo de panadería San Carlos, consideró que los incrementos son “una locura”. Por ejemplo, comentó que “en estos días, la harina que es nuestra principal materia prima, aumentó el 55 por ciento así que tuvimos que tocar los precios, aumentando cinco pesos el precio de pan”.

Para este comerciante, un incremento proporcional a los costos de producción es imposible en estos momentos. “La idea no es ganar más sino ver si con esos cinco pesos podemos amortizar el aumento, pero recién veremos cuando se termine el mes y paguemos todo”, explicó.

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El pan, que hasta hace poco cobraban 40 pesos el kilo, ahora está a 45 pesos porque “si lo subimos 60 pesos es una locura, no podés ni explicar a la gente, es imposible”.
Más allá del último aumento de insumos, Cuneo indicó que “hace cuatro meses, pagábamos 370 pesos la bolsa de harina, que llegaba el camión y a los 20 días pagabas. Hoy, la bolsa está a 1.085 pesos, se baja del camión y hay que pagar inmediato”, agregó.
Otro ejemplo es la caja de grasa, que pasó de 1.000 a 1.800 pesos en tres días según comentó.

El dueño de la panadería ubicada en Kennedy y Gaceta de Buenos Aires aseguró que “no es por llorar, pero la ganancia es mínima”. Hace cuatro años que abrió este primer local y las ventas se sostienen “pero porque la gente reconoce que no aumentamos tanto” aunque desconoce si podrá sostener esos precios cuando haga la cuenta final de ingresos y gastos.

Artículos de lujo en la verdulería

Morrones, choclos, zapallitos y paltas podrían exhibirse como artículos de lujo, dicen en la verdulería de calle Misiones, en barrio Pietrobelli. Hugo Vargas o “El Verdulero de Su Vida” (como se llama su local) coincide con los otros comerciantes sobre los efectos del aumento de precios en los clientes.

“Está muy mala la situación, vendés y al otro día no alcanza para reponer la mercadería”, comentó a Crónica. Como ejemplo, mencionó que “un cajón de morrones estaba 800 pesos, de ahí se fue a mil, y ahora está a 1.900 pesos, así que si vendés no alcanzás a recuperar la plata”. Algo parecido sucede con la palta: un cajón cuesta 2.500 pesos.

Vargas indicó que “da vergüenza ajustar los precios”, sobre todo en ciertos productos. “Un choclo está a 38 pesos y hay gente muy humilde que no los tiene”, aseguró el verdulero.
Por eso, tiene ofertas como “tres por dos en acelga o cebollas, para que la gente pueda comer verduras, o papa negra a 170 pesos la bolsa. Con eso más una bandeja de huevo, una familia tiene para comer varios días”, explicó.
Por otra parte, el comerciante dijo que “antes vendíamos el morrón entero y ahora lo corto por la mitad o en cuatro partes para que la gente pueda comer un poquito aunque sea”.

“Hay gente que no come”

El verdulero dijo que por ejemplo, regala el perejil aunque a él se lo cobren. “Hay gente que no come, y uno se pone en el lugar de ellos, entonces tratamos de juntar lo picadito y se lo das, a los viejitos sobre todo”, dijo Vargas. Su local es muy visitado por los vecinos del barrio y él es conocido como el verdulero que durante once años iba con su carrito a ofrecer verduras. Hace seis años se instaló donde desemboca el camino alternativo del Centenario.

“La gente pasa, capaz que compran poquito, pero vuelve porque siempre le buscamos la vuelta”, aseguró Vargas. Además de las frutas y verduras, “hay una señora que hace ensaladitas o sopas y las vendemos acá, y no queda nada”. Es una forma de enfrentar la crisis, de buscar alternativas y de que la inflación golpee menos en los barrios donde vive la gente más humilde.

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