Un científico argentino trabaja en la reintegración de exguerrilleros y paramilitares en Colombia

Junto a colegas colombianos, el doctor Agustín Ibañez investiga el impacto de tantos años de violencia sobre el juicio moral y el procesamiento de las emociones. Según declaró, en un estudio sobre 1500 excombatientes, “sólo el 5% mostraron ser psicopáticos y requieren programas de rehabilitación especiales”.

Por Matías Loewy-Agencia CyTA-Leloir. El conflicto armado en Colombia, que durante más de medio siglo enfrentó a la guerrilla, el gobierno, grupos narcos y fuerzas paramilitares, dejó cientos de miles de muertes y también otras secuelas perennes. Ahora, un científico argentino investiga junto a colegas de aquel país el impacto del aislamiento y de la exposición a la violencia sobre la psicología y el procesamiento cognitivo de los excombatientes, lo cual podría favorecer el diseño de estrategias más personalizadas y efectivas de reintegración.

“Después de desarmar el conflicto, hay que desarmar la mente”, dijo el doctor Agustín Ibañez, director del Instituto de Neurociencia Cognitiva y Traslacional (INCYT), que depende del CONICET, de la Universidad Favaloro y de la Fundación INECO; e investigador de la Universidad Adolfo Ibañez.

Las FARC en momentos de actividad.

“Los programas nacionales de reintegración en Israel, en Alemania y en algunas partes de Asia y de África, se basan o se basaron en programas de intervención que apuntan a lo social: a desmovilizar a la gente, a darle trabajo y capacitación. Y aunque son efectivos, no abordan la mente. Sabemos muy poco de la mente de las personas violentas o que estuvieron expuestas durante tantos años a la violencia”, añadió el también codirector académico del flamante Instituto de Neurociencias y Políticas Públicas (INPP) de la Fundación INECO, en Buenos Aires.

El 70% mostró una disminución significativa en una dimensión de la empatía: el sentimiento de displacer por las experiencias desafortunadas de los otros.

La iniciativa en Colombia ha sido destacada en un artículo reciente de la revista Nature, que asegura que el estudio tiene un nivel de detalle “sin precedentes” y que los científicos tienen la esperanza de poder informar y guiar el proceso de paz. En un video que acompaña el informe, Ibañez caracteriza la oportunidad como un “laboratorio vivo” que permite comprender la interconexión entre la biología, la psicología y los factores culturales que forman parte de la violencia y la conducta criminal. Y sus conclusiones también podrían ser aplicables a otras víctimas de esas situaciones en contextos más amplios, como podría ser la inseguridad urbana.

En uno de los estudios, publicado en 2017 en la revista Peace and Conflict: Journal of Peace Psychology, el equipo integrado por Ibañez realizó una batería de pruebas psicológicas y cognitivas a 624 a exintegrantes desmovilizados de la guerrilla (sobre todo, de las FARC) y de fuerzas paramilitares. ¿La conclusión? El 70% mostró una disminución significativa en una dimensión de la empatía: el sentimiento de displacer por las experiencias desafortunadas de los otros.

Falta de empatía

En diálogo con la Agencia CyTA, Ibañez señaló que un estudio posterior más amplio sobre 1.500 excombatientes reveló que “sólo el 5% son psicopáticos o tienen baja empatía [general]”.

El grueso son personas expuestas durante largo tiempo a la violencia intergeneracional, la pobreza y la falta de trabajo. La gran mayoría tiene una “gran potencialidad” para la reintegración, aunque existe un subgrupo que no es apto para programas de intervención clásicos “porque no se van a rehabilitar (al menos en la manera habitual)”, alertó el neurocientífico argentino.

Agustín Ibañez, director del Instituto de Neurociencia Cognitiva y Traslacional (INCYT

Los investigadores aspiran a ensayar intervenciones de rehabilitación cognitivas más individualizadas basadas en los rasgos de personalidad/empatía y las habilidades sociales de los participantes. “Si el excombatiente muestra dificultades para regular las emociones, entrenamos ese aspecto. Tuvimos resultados preliminares positivos, pero son pequeñísimos. Se necesitan intervenciones a más largo plazo”, confió Ibañez.

La primera autora de muchos de estos estudios, la doctora Natalia Trujillo, una psicóloga formada en neurociencias de la Facultad Nacional de Salud Pública de la Universidad de Antioquia (UdeA), en Medellín, Colombia, aclaró que estos modelos de rehabilitación se deben complementar con iniciativas gubernamentales en favor de este proceso “multifactorial”. “La reintegración debe ser abordada desde diferentes estrategias”, dijo.

Por otra parte, Trujillo añadió que ahora también se están concentrando en estudiar la aplicabilidad de este enfoque a otro tipo de víctimas. “Nuestra hipótesis es que personas expuestas a experiencias de violencia repetida en el tiempo y de variable intensidad (por ejemplo, intrafamiliar) reorganizan su forma de ver el mundo y, por ende, tienen perfiles de personalidad y conducta social sobre las que se puede intervenir con las mismas estrategias usadas en la población de excombatientes”, resumió.

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