Las inundaciones en la Argentina: ¿manejo o gestión?

Comodoro Rivadavia: Una lluvia fuerte y persistente cae hoy en la ciudad chubutense de Comodoro Rivadavia y agrava el panorama en algunos barrios, como el Moure y el Caleta Cordova cuyos habitantes son asistidos con alimentos, ropa, y agua por efectivos del Ejército, la comuna y voluntarios El Barrio Saavedra, destruido y bajo agua.

En el ámbito de la gestión la causalidad natural es considerada como principal causante de un desastre, sin considerar aspectos sociales.

Cada año la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) presenta una nueva edición del Informe Ambiental FARN (IAF), una publicación referente sobre los principales temas y acontecimientos ambientales en la Argentina y América Latina. Este documento reúne experiencias e investigaciones de la fundación, junto a otros trabajos de profesionales especializados.

​Este año el IAF cumplió 10 años y la FARN lo plantea como una nueva oportunidad para analizar los aspectos más destacados en materia ambiental y política. Uno de los capítulos dedicado a “El ambiente en la agenda pública” aborda el tema del manejo y agenda de las inundaciones. Un tema que en Patagonia en general y en Comodoro Rivadavia, en particular, se instaló trágicamente a fines de marzo pasado. Debates técnicos y manejos políticos que culminaron en denuncias por corrupción fueron y son el abordaje principal del tema.

En este artículo la doctora Silvia González aporta un nuevo punto de vista con ejemplos del norte del país que, desde el abordaje, pueden ser aplicados a nuestra región.
González presenta las características más salientes del manejo de las inundaciones en la Argentina que ejemplifica a través de tres casos paradigmáticos. Introduce además, la alternativa de la gestión integral del riesgo por inundaciones, que deviene del paradigma vigente desde mediados de 1970 en el campo académico.

“Este paradigma ha integrado el aporte de las ciencias sociales para la comprensión de la cuestión del riesgo y su construcción y ha vuelto más complejo el análisis y las respuestas en términos de prevención y mitigación de inundaciones. En Argentina este ‘nuevo’ paradigma ha sido considerado durante los últimos diez a quince años en la gestión estatal, si bien no ha logrado aún plasmarse y desplazar el tradicional manejo de la inundación, que sigue vigente a pesar de sus limitaciones”, sostiente.

“La comprensión de las causas de un desastre se amplió y pasó a abarcar muchas más cuestiones que el mero conocimiento de los eventos naturales disparadores”.

Según González, en los casos expuestos como ejemplo (inundación de 1982-1983 en Resistencia, Chaco; inundación de la ciudad de Santa Fe en 2003 y Epecuén, el caso de la villa hundida), la respuesta por parte del Estado fue siempre, por un lado la asistencia en la emergencia y, por el otro, la reactivación de obras -que habían quedado inconclusas por motivos diversos como falta de financiamiento, cambio de gestión política, etc- o la elaboración de complejos planes de infraesructura tendientes a mitigar las crecidas, por regulación, retardo o alivio, que sistemáticamente son presentados como la “solución” a los desbordes.

“Estas dos características del manejo de la inundación en la Argentina son históricas y no hacen más que potenciar o amplificar unas condiciones de riesgo observables durante el desastre, pero generadas como fruto de cada acción u omisión en el cotidiano. En efecto, el desastre (la inundación) debe entenderse como el producto final de un proceso continuo de construcción social del riesgo, donde entran en juego no solamente las variables físico-naturales –excesos de lluvias, características hídricas y topográficas, etc.- sino, sobre todo, las que permiten caracterizar al grupo social que enfrenta los fenómenos.

Tal caracterización es amplia y abarca desde las condiciones de vida hasta los factores políticos e institucionales ligados a la forma de manejar los riesgos” detalla la investigadora.

La construcción social

Para González si bien es cierto que en muchos casos se requiere la inversión en obras hídricas, es también cierto que la apelación a la respuesta única cierra otros caminos que pueden complementar las obras, de modo de tender hacia una gestión integral del riesgo. En este tipo de gestión se analizan y previenen no solamente los factores detonantes (el comportamiento de las lluvias, por ejemplo) sino que además se consideran todos aquellos factores que vuelven vulnerable al grupo social.

Desde hace ya más de cuatro décadas, el análisis de los llamados “desastres naturales” sufrió importantes transformaciones, a partir del aporte de las ciencias sociales.

En efecto, durante la década de 1970 se instaló un “paradigma alternativo” (Hewitt, 1983) que brindó una mirada mucho más integral a la problemática. Así, la comprensión de las causas de un desastre se amplió y pasó a abarcar muchas más cuestiones que el mero conocimiento de los eventos naturales disparadores. La explicación del desastre en tanto momento que devela el proceso de construcción del riesgo se basa en el desplazamiento de la causalidad natural a la social. Así, la discusión académica se centró en el concepto de riesgo de desastre, entendido como un proceso de construcción social. En ese proceso, las decisiones tomadas en el cotidiano inciden en la configuración de escenarios en los que se amplifican los peligros y se multiplica la situación vulnerable de la población.

“Si la discusión en el ámbito académico y de investigación ha dejado atrás el análisis de la causalidad natural como principal causante de un desastre, no ha ocurrido lo mismo en el ámbito de la gestión, donde aún predomina el énfasis sobre la dinámica natural y la tendencia hacia la solución basada en la ingeniería. Esto es lo que ha ocurrido históricamente en la Argentina, si bien en los últimos años se han dado algunos pasos en la dirección opuesta, pasos que, de seguirse y profundizarse, auguran un cambio profundo en la gestión del riesgo”.

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Silvia G. González es Geógrafa, doctora de la Universidad de Buenos Aires. docente del Departamento de Geografía (Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA) e investigadora en el Programa de Investigaciones en Recursos Naturales y Ambiente (PIRNA) del Instituto de Geografía (FFyL/UBA). Especializada en gestión de riesgos de desastre y manejo de recursos hídricos.

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