Cristina Barile presenta su libro: “Morir no es poco. Estudios sobre la muerte y los cementerios”

Cristina Barile, investigadora y profesora de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, presentó en la última Feria del Libro de Buenos Aires “Morir no es poco. Estudios sobre la muerte y los cementerios”, libro del que es coautora y compiladora. Nadie puede pasar por alto ese título que inmediatamente capta la atención. Es uno de esos libros que seguramente no pasa inadvertido en ninguna librería.

Por Ezequiel Murphy

La muerte nos atraviesa y nos transforma, cómo entonces no pensarla, cómo no indagar en la forma en que la tratamos, en la forma en que nos configura el vivir.

Este libro es una compilación de distintos trabajos, ponencias y artículos de investigación, sobre el tema de la muerte y los cementerios. Las compiladoras y autoras son Cristina Barile y Celeste Castiglione, ambas historiadoras y estudiosas del tema. Cristina es docente e investigadora de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco  (UNPSJB) y Celeste, de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Como tenemos la fortuna de que una de las autoras sea de nuestra ciudad, fuimos en su búsqueda, para que nos contara sobre el novedoso campo de estudio, el nuevo libro y la presentación en la Feria del Libro de Buenos Aires.

– ¿Cómo surgió la iniciativa de comenzar en este campo de estudio?

En realidad yo empecé estudiando siglo XIX, la muerte en el siglo XIX ¿Por qué? Por lo que veíamos de historia argentina del siglo XIX. Teníamos algunos libros de estudio de lectura casi obligatoria que te marcan -sea para bien o para mal-, ya sea porque uno coincida o porque tenga que hacer la crítica. Entre esos libros obligatorios -digo debíamos porque estaba toda la cátedra- estaba el “Facundo” de Sarmiento. Un libro archiconocido, muy utilizado. En el posgrado también me lo habían hecho leer y la pregunta en ese momento era cómo salir de la obviedad porque ya sabemos que trata sobre civilización y barbarie pero ¿cómo hace para tratarlo? ¿cómo hace para exponerlo a la gente? Entonces la invitación fue buscar tópicos dentro de “Facundo” de Sarmiento que no fuera tan comunes. Salir de lo político, ver cómo hace para marcar estos criterios en otros aspectos que no son evidentemente la política. Encontramos varios: cuando habla del vestido, cuando habla de la comida y cuando habla de la muerte.

Cuando nos quisimos dar cuenta todo “Facundo” es un libro para la muerte, no solo porque él la muestra, la pinta y la tipifica en los primero capítulos que son más bien descriptivos de cómo era el gaucho, sino porque va a hablar concretamente de que el modo de morirse en el Río de la Plata es federal y es en la barbarie. Ahí estaba el tema. Entonces si es federal y es en la barbarie veamos cómo se mueren los unitarios, que supuestamente son civilizados, veamos cómo los pinta. No los pinta, no nos dice en ningún momento. Él lo único que hace es remarcar que ese modo es salvaje, ese modo es bárbaro, que los niños nacen aprendiendo a vivir con la muerte y en eso hay una coincidencia, casi como un acuerdo en la generación del ‘37 todos refieren de manera directa o indirecta a la muerte salvaje. Quien acompaña este discurso es Esteban Echeverría.

– Claro en “El Matadero”, todo es muerte y también muere el unitario.

“El Matadero” lo que hace es mostrar esto que dice Sarmiento, es decir se mueren salvajemente y la muerte es tan común, pero tan común que no saben que son bárbaros. El niño aprende a matar en la misma calle porque el padre mata, porque la madre mata a la gallina. Todo alrededor del niño es muerte entonces cuando sea grande será un adulto formado para la muerte. La muerte bárbara.

En ninguna parte del libro dice Sarmiento cuál es la forma de morir no bárbara, porque tenemos que suponer que hay otra forma de morir. Nosotros tenemos que suponer pero no lo cuenta y sabemos que no lo cuenta justamente porque no hay otra muerte. Los unitarios se mueren igual que los federales, porque los unitarios a la hora de la muerte eran tan salvajes como los federales.

¿Cómo lo sabemos nosotros? Bueno lo sabemos por otros escritores que no eran de la generación de ‘37, lo sabemos por los diarios de la época. Uno de los que va a criticar fuertemente esto es el padre Castañeda en su periódico. O sea que no hay una muerte más civilizada. Pensemos en Lavalle, que era unitario, no tuvo ningún reparo para asesinar a Dorrego, a pesar de que todos le decían que no lo haga.

-¿Y a partir de análisis de Facundo es que empiezan a trabajar la muerte?

Sí, terminamos de analizarlo. Ese fue el primer proyecto de investigación que se llamó “Representaciones rituales, discurso y prácticas sobre la muerte”. Eso de la cátedra Historia Argentina I, que es siglo XIX.

Después de terminar ese proyecto tuvimos la suerte de que una de nuestras ayudantes se dedicó específicamente al concepto de morir por la patria entre 1810 y 1820. Como conclusiones del siglo XIX, lo que nos queda es que en esta época, estamos hablando de mediados de siglo, ese tipo de muerte cuestionada como salvaje que era tan común, empieza a transformarse cuanto más nos acercamos a la organización del Estado argentino. Y aquellos que van a organizar el Estado van a pensar en vivir de cierta forma, que es un poco también el ideal de Sarmiento que no lo podía explicitar abiertamente: vivir y morir de cierto modo. Entonces vamos a encontrar que la elite de la época va a hacer uso de los cementerios, no solo porque les corresponde, sino que además van a ornamentar el cementerio -ornamentarlo no solo para ese presente donde ellos son ya reconocidos porque son presidentes de la Nación o ministros- sino que ahora van a ornamentar el cementerio para la posteridad. Están pensando en el futuro para los que vengan después sepan que “nosotros fuimos tan grandes”, que tuvimos esta capacidad, de organizar el Estado y de pensar en la posteridad.

A partir de esas conclusiones nosotros nos preguntábamos: Comodoro Rivadavia es una ciudad nueva en 1901, muy nueva ¿Cuántos de esos criterios que se pensaron para la muerte y los enterramientos heredamos aquí en Comodoro Rivadavia? En eso estamos ahora.

-¿Cómo se empezó a formar el equipo de trabajo o es un trabajo de la cátedra?

No, se ha sumado más gente, la verdad es que hemos tenido mucha gente joven que ha querido acercarse al tema y de otras disciplinas además de la historia.

-¿Podrías explicar cuáles son los ejes que vertebran el libro?

Este libro se compone de ponencias que fueron presentadas en distintos momentos. En el workshop de las Primeras Jornadas de estudios de la muerte y el morir, nosotros tuvimos una mesa propia; también en las jornadas de interescuelas en 2015 que fueron en Comodoro y en 2017, que se realizaron en Mar del Plata. Todos los que están en el libro fueron colaboradores consecuentes, vinieron a todos los encuentros.

-¿Por qué analizar o estudiar la muerte y los cementerios?

Es un tema si se quiere para la Argentina, relativamente nuevo. Arranca desde 1983 en adelante cuando empieza a llegar la biografía francesa que habla de ese tema, pero también los ingleses. El retorno de la democracia posibilitó la apertura del campo, sino siempre estábamos haciendo historia política. En una política tradicional, porque podríamos hacer política con una mirada más focaultiana, pero no. El retorno a la democracia favoreció eso: no solo la apertura de nuevas miradas sobre viejos temas, sino nuevos campos. En el caso de la muerte es una mirada más antropológica y sociológica, requiere complementar con esto, para tratar de entender cómo se vive o como se percibe la muerte.

En la introducción lo decimos nosotros, siempre que hablamos de la muerte, estamos hablando de una situación macro y micro. La micro es el muerte propia, pero resulta que cuando tenemos nuestro muerto propio, cumplimos con ciertos rituales que creemos que son nuestros, pero que responden a una realidad macro. Estudiar la muerte requiere estar en sintonía con estas dos miradas.

Brevísima Reseña

El libro presenta una cuidada edición‭, ‬se divide en tres partes y cada una de ellas cuenta con un conjunto de artículos e investigaciones‭, ‬según la temática que los nuclea‭. ‬Llama la atención que la mayoría de los trabajos va acompañado de imágenes‭, ‬fotos‭, ‬tablas y otros registros‭, ‬como planos y mapas‭. ‬Está escrito en un lenguaje claro y profundo a la vez‭. ‬Todo esto le otorga un carácter amable‭, ‬uno se siente motivado a la lectura‭, ‬genera un legítimo interés‭.‬

Los rituales, el modo de honrar a los muertos ha cambiado; por supuesto no es igual que en el XIX, pero tampoco es igual que en el XVIII o en el XVII. La muerte es un problema. Otro elemento que trae a colación los estudios sobre la muerte tiene que ver con los desaparecidos, esto también ha hecho que la gente se preguntara por el tema. Lo mismo que los funerales de Estado, cuando fallece por ejemplo un gobernador. Los funerales de Estado no son exactamente igual que los funerales individuales, del resto de la población, tiene otros rituales y consecuencias. Atraviesa nuestra cotidianeidad.Vivimos a la luz del cambio que esa muerte provoca.

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-¿Por qué decidieron hacer la compilación y publicarla en formato libro? ¿Cómo se conocieron con Celeste?

A Celeste la conocimos porque iba a venir a las Primeras Jornadas de la muerte y el morir y por cuestiones familiares no pudo venir. Nosotros tenemos listas de historiadores, entonces mandamos la comunicación y se enteran de las jornadas en todas las universidades del país. Celeste se enteró, mandó el resumen, se puso en contacto con nosotros, pero luego no pudo venir. Del mismo modo, de la red de historiadores surgen otras convocatorias entre ellas un congreso, que para nosotros es al que ‘hay que ir’, porque se reúne toda la gente del campo, es el Congreso de imágenes de la muerte, que en 2016 se hizo en San Pablo, Brasil. Nosotros viajamos como grupo. La profesora Castiglione, me escribe un mes antes del congreso y ahí coordinamos para ir juntos.

A partir de ese momento nos mantuvimos siempre en contacto. Ella se dedica a la muerte pero dentro de procesos migratorios: es decir cómo resuelven la cuestión de la muerte, algunas colectividades, en este momento está trabajando con la colectividad coreana, pero tiene recorrido más de cien cementerios en la provincia de Buenos Aires más los de capital. Ella busca panteones de asociaciones, españoles, italianos y portugueses todo lo tiene relevado. Buscando esto fue encontrando cosas llamativas, que acá también empiezan a aparecer.

Cuando uno pasa por el cementerio tienden al gris, tienden al beige y de golpe te aparece una nota de color que no podés dejar de mirar, cada vez que hay una nota de color, ahora nosotros sabemos que se trata de algún tipo de migración o del noroeste argentino o de países limítrofes como Bolivia, Perú o Paraguay. Si se trata de alguna de esas colectividades, seguramente el ritual es diferente. El año pasado fuimos con las auxiliares, para el Día de los Muertos al cementerio e hicimos nuestras observaciones participantes, pero en una no pudimos, tuvimos que mirar de lejos, porque se trataba de un muerto de una colectividad y asistía toda la familia extensa, es decir no solo el matrimonio sino los abuelos de cada lado, los hijos, los nietos y los bebés. Bebían alrededor de la tumba, eso es normal para ellos y llevaban ofrendas o regalos que le hubieran gustado al muerto. Esto empieza a aparecer cada vez con mayor frecuencia es síntoma de que tenemos cada vez mayor migración de países limítrofes.

Celeste Castiglioni descubrió que algunos de los los cementerios de la provincia de Buenos Aires, porque allá la inmigración es mayor, hay algunos casi particulares de migraciones coreanas.

-¿Hay antecedentes de estudios sobre el tema en Comodoro Rivadavia?

No, que yo sepa; sistemático, no. Ha habido sí un relevamiento. Por ejemplo lo realizado por Elvira Córdova, que hizo un relevamiento cuando se cumplieron los 100 años de Comodoro Rivadavia para el libro del aniversario. Cosa que agradecemos infinitamente porque nos permitió tener fotos del cementerio viejo, que ya no está, para recuperar parte de esa historia.

-¿Cuál fue el procedimiento para la selección de los textos que compondrían el libro?

Primero tratamos de que haya trabajos de todas partes, no solo de Comodoro o de Chubut, sino que fuera un libro que reflejara los intereses de distintas localidades. También tenía que ver con la persistencia de algunos investigadores de otras universidades que nos seguían y nos siguen aún. Además, no hay muchas jornadas sobre la muerte en la Argentina y tampoco hay muchos antecedentes de estos estudios salvo un caso de la historiadora Sandra Gayol y en el caso de los cementerios hay  una “eminencia” que es la antropóloga María Carlotta Sempé, que tiene una artículo en el libro. Ella es de la Universidad de La Plata. Después hay pequeños grupos que han comenzado, algunos antes y otros después que nosotros, uno muy fuerte en Salta que se dedica a los estudios de la muerte en el período colonial, ¿por qué? porque ellos fueron los que más vivieron la hibridación de la cultura: ritos indígenas que tienen algún cariz católico y viceversa. Después hay en Misiones un grupo que se dedica a la antropología de la muerte, mucho más específico que tiene que ver con las herencias de la cultura guaraní.

– Entonces la selección de textos tuvo que ver con pintar un panorama general de esos estudios

Pintar un panorama que no fuera de los grupos que ya estaban establecidos, porque ellos ya tienen sus propias publicaciones. De las ciudades del Sur estamos nosotros y un grupo de Río Gallegos que va a venir a las próximas jornadas, es un grupo de turismo.

Porque paralelamente que surgen los estudios de la muerte como un campo nuevo, aparece dentro del turismo lo que se conoce con el nombre de “Turismo Funerario”. Para eso es necesario una puesta en valor de los cementerios que permitan recorrido histórico o ambiental. Se hace mucho turismo funerario en Montevideo, pero porque no solo tienen cementerios históricos cuya construcción también es a fines del XIX, así que reflejan una monumentalidad con esculturas de la época, sino que además tienen esto que se ve en el cementerio británico que tiene otra estructura está ordenado, por el tipo de árboles, por el tipo de flores, que se pudieron traer desde inglaterra, está muy parquizado, entonces el recorrido es más botánico que histórico.

-Por la cantidad de grupos de estudio se visualiza que es un tema de interés.

Sí, sino no se podría entender los distintos grupos que surgen de estudio, de las distintas universidades. Yo nunca hubiera pensado en el turismo funerario, por ejemplo. Uno lo que intenta es que los temas se comprendan y que vean que es una investigación seria.

También existe cierto tabú en la gente, para hablar de la muerte, pero eso no quiere decir que no tenga algún grado de preocupación por el tema. Ese es un problema de los tiempos, no es un problema particular sino de los tiempos. Para decirlo de otro modo esto no pasaba en los tiempos medievales, cuando hablar de la muerte era algo común tanto que la tienen pintada en infinidades de obras. Bueno el memento mori, las pautas para el mejor morir, era algo con lo que se vivía no era ajena a la vida cotidiana, hoy la muerte espanta. Creo que es signo de los tiempos, importa estar vivo, no pensar en la muerte.

Quizás todavía no terminamos de comprender es que la muerte también es parte de la vida. Cómo resolvemos las cuestiones de la muerte también habla de nosotros. ¿Dónde y cómo vamos a enterrar al tío? ¿Quien resuelve, cómo se resuelve? después el velorio, ya hace tiempo que no existen velorios de veinticuatro horas. Eso no es solo acá, se da en todas partes. Acá en Comodoro todavía no tanto, pero en la Argentina y en el mundo se está tendiendo más a la cremación.

En el presente tenemos menos tiempo para la muerte y hasta ahí quizás no sería un problema, el problema es que también queremos restarle tiempo al duelo. Y el duelo hay que hacerlo, claro no lo vamos a hacer como en el siglo XIX, que las viudas tenían que estar de negro durante cinco o seis años y no salir a la calle. No nada de eso. Pero sí tramitarlo íntimamente, hay que atravesar ese dolor y en general como la vida cotidiana nos exige mayor producción, tendemos a reemplazar el duelo o con consumo o con otras prácticas que no nos hacen bien o con mayor ejercicio. Hay que dejar que el duelo me duela. Morir no es poca cosa, porque luego que la persona se muere, al resto le queda todo por hacer. Por eso decimos que en esta vida, morir no es poca cosa.

Con toda esta nueva información, me voy tan asombrado como antes, pero con algo más de conocimiento y con el libro bajo el brazo, amablemente obsequiado por la autora y compiladora. Algunas ideas primordiales: la muerte nos atraviesa y nos transforma, cómo entonces no pensarla, cómo no indagar en la forma en que la tratamos, en la forma en que nos configura el vivir.  Tal vez como yo, quien lea esta entrevista, nunca se haya imaginado que la muerte pudiera ser objeto de estudios sociales e históricos e incluso estar vinculada al turismo.

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