José Luis Corominas: “En la guerra tratábamos de recuperar a los soldados lo más rápido posible”

En 1982 tenía el grado de capitán y fue a Malvinas como jefe de una compañía de Sanidad. Hizo su especialización en neurocirugía en el Hospital Militar Central de Buenos Aires y luego vino a Comodoro Rivadavia. Al hablar de la guerra, su honestidad es brutal y por momentos descoloca. A treinta y seis años del emblemático conflicto, la historia de un oficial militar bonaerense que salvó vidas en nuestras islas y volvió para hacer lo mismo en Comodoro durante el resto de su carrera como médico.
Continúa hoy prestando funciones en el Hospital Militar de Comodoro Rivadavia, institución de la cual fue director hace algunos años. En 1978 llegó a la ciudad con el grado de teniente primero y fue destinado al Batallón Logístico 9, en donde fue jefe de la compañía de Sanidad. Cuando se enteró de la recuperación de las islas, todavía revistaba como jefe de esa compañía. El 6 o 7 de abril (no recuerda con exactitud) aterrizó en Malvinas y comenzó su historia de guerra.

Segunda prioridad

Ahondando en su tarea durante el conflicto por las islas del Atlántico Sur, Corominas explicó un detalle importante sobre la medicina durante un conflicto armado. En la medicina de guerra, la neurocirugía es segunda prioridad.

“En una guerra vos tenés que recuperar la mayor cantidad posible de soldados o de personal combatiente en el menor tiempo posible, los que van a tardar más tiempo en recuperarse son atendidos a posteriori. Dicho así, esto parece cruel, pero en un conflicto bélico, que es una situación extrema, tiene más prioridad un tiro en el abdomen que uno en la cabeza, porque la persona que recibió un disparo en la cabeza probablemente va a tener una secuela. En cambio, el que fue herido en el abdomen puede volver más rápido al combate, sabemos de antemano que podemos curarlo más rápido”, explicó el profesional médico.

El Hospital Militar de Malvinas

El lugar fue organizado como una unidad más, y el médico bonaerense fue jefe de la compañía Comando y Servicio, esto debido a que era el oficial que más experiencia tenía dentro del hospital que se montó en las islas. La tropa se estableció en un lugar hogar-escuela que los ingleses habían construido y no habían inaugurado debido a unos defectos de construcción que tenía el edificio.

“Si tuvo esos defectos, nosotros ni los sentimos. El lugar era perfecto para todo, estaba calefaccionado, tenía electricidad y agua caliente, cocina, todo, no nos faltó nada. En lo que era la sala de actos montamos la sala de quirófano. Con el paso de los días se fue incorporando gente de distintas unidades y fuerzas, llegó personal de Fuerza Aérea y Marina. En un momento cambiamos el nombre de Hospital Malvinas a Centro Interfuerzas Médico Malvinas, estábamos pegados a Puerto Argentino, nos establecimos ahí y dejamos en claro qué responsabilidad tenía cada uno. Nos dividimos en equipos quirúrgicos, como teóricamente los heridos con casco eran pocos, las grandes cantidades de bajas las teníamos por esquirlas, cuando los ingleses llevaban a cabo bombardeos navales o aéreos. Yo era ayudante de un equipo quirúrgico, pero si había una neurocirugía que hacer, las personas a las que yo ayudaba todos los días me ayudaban a mí”.

En la misma línea, hizo hincapié en las operaciones de su especialidad que llevó a cabo durante la guerra, que fueron muy pocas. Tan solo un coágulo extradural y un hueso que se había hundido en una parte del cráneo, eso fue lo único en materia de neurocirugía que hizo Corominas en Malvinas. “Hubo lesiones en cráneo que no las pudimos operar ahí, entonces esos pacientes los evacuábamos de las islas. No toda herida de este tipo es mortal, pero la tenés que operar igual. Al cerebro no le gusta estar descubierto, si se te rompe la piel los microbios ingresan. No necesariamente te vas a morir por una lesión así, pero sí por una infección. Cuando volvimos de la guerra, con un médico amigo operamos a un chico que tenía una esquirla alojada en la parte de atrás del cráneo, era el soldado Altieri”, rememoró el entrevistado.

La rendición

El 15 de junio, Corominas y sus soldados fueron trasladados al puerto. Esperaron con algo de tristeza y enojo la entrega de armamento y al día siguiente embarcaron en un barco que los trasladó al Canberra (buque hospital de los ingleses). “Yo mi pistola no la entregué. La desarmé y la tiré en la bahía. De todos modos, a los oficiales los dejaron con su armamento para prevenir posibles agresiones de alguien que hubiera quedado resentido. Nos identificaron como personal de sanidad y nos dieron un brazalete de ellos. Tuvimos un trato preferencial por ser personal médico. Después de esto atracamos en el muelle de Puerto Madryn y de ahí nos vinimos para acá”.

Sin dudar ni una fracción de segundo, el neurocirujano que llegó a Comodoro en 1978 afirma: “yo creo que volvería a las islas a defenderlas, nunca se sabe”. Además, agrega que “yo hice lo que mi país me enseñó, sinceramente no creo que nadie me deba nada a mí”, concluyó.

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