Teo Nürnberg: el maestro

Nadie sabe quién es Teodoro Nürnberg, pero todos escuchamos hablar sobre Teo. Pocos lo llaman por su nombre completo, porque Teo es Teo. La gente lo llama así cariñosamente y el afecto se nota a la legua de distancia. Nadie escapa a la calidez de quien hizo historia con fotos propias y ayudó a resguardar la memoria de la ciudad recopilando negativo tras negativo.

(Por Santiago Altuna) Se construyó a sí mismo, a fuerza de una personalidad magnética y casi sin quererlo ni pensarlo, se convirtió en lo mismo que sus docentes de Buenos Aires para él: en un consultor permanente. Decenas de jóvenes reservan con tiempo su lugar para ser sus alumnos, y son esos mismos alumnos los que luego muestran todo su cariño y agradecimiento por el hombre que es considerado un maestro de la fotografía en la ciudad petrolera. Un mano a mano imperdible con DOM para rescatar parte de la historia de este enorme profesional.

Teo abrió la puerta de su local y lo primero que vi del otro lado fue su sonrisa. Siempre que te recibe, tiene una enorme sonrisa en la cara. Su mirada transmite cariño, es cálida y reconfortante, casi diría que es sanadora. Es un tipo muy agradable, humilde y conversador. Lo que más me llama la atención, es la lucidez que tiene. Tiene 86 años y ni se le nota, es increíble. En su negocio se respira un clima de amistad que no acostumbrás ver en otros lugares, cuando entrás ahí te das cuenta enseguida de que no es un sitio como cualquier otro. A diferencia de otros profesores de fotografía, él no es egocéntrico ni soberbio, desde el principio te queda claro que está para enseñarte y lograr que el día de mañana seas un mejor fotógrafo.

Cuando entré, el mate ya estaba listo, un poco lavado, pero rico. Atrás nuestro había una radio vieja que andaba perfecta. “Es del año 76”, dijo Teo cuando le pregunté por la reliquia. Ese fue el puntapié perfecto para empezar la entrevista, esa palabra, “reliquia”. Teo Nürnberg es una reliquia viviente, él lo sabe, pero no hace alarde de eso. Es un hombre muy humilde y con un perfil más que bajo.

“‏La fotografía es un modo de vida, es un cable a tierra. El legado que yo le voy a dejar a la gente es mi archivo y mis clases de fotografía”.

Un largo trecho hasta el 2018

Empezó desde el principio, desde el día en que nació: “Nací el 8 de septiembre de 1931 en Esquel, pero soy comodorense. Mi apellido es alemán, muy clásico. La historia de mi familia en Comodoro empieza con mis abuelos. Mi abuelo paterno entró a Posadas con un grupo de inmigrantes desde Brasil, y mi abuelo materno llegó en 1912, había sido convocado por la empresa Astra. Mi madre era nacida en Hamburgo y mi padre argentino, nació en la provincia de Buenos Aires, en la ciudad de Rojas, pero hasta los 23 años estuvo en Posadas. En un momento, según contaba él, agarró un mapa, cerró los ojos y señaló con el dedo. Cuando los abrió estaba señalando a Comodoro Rivadavia, por eso vino acá. En 1930 se casaron, un año después nací yo”, contó el hombre de las fotos.

Félix Nürnberg, su padre, era empleado de la cadena de supermercados La Anónima. Por ese entonces vivían en casas que la empresa daba a sus empleados en la calle Güemes casi esquina Sarmiento. “En 1931 nos fuimos a Esquel, mi padre fue como encargado de una sucursal. En 1933 ó 1934, no recuerdo bien, volvemos a vivir a Comodoro. Mi primera experiencia en la escuela fue en el colegio alemán que había en la ciudad, estaba en donde ahora está el Centro de Empleados de Comercio. En 1937, a mi papá lo mandaron a trabajar a la sucursal de La Anónima de Diadema como encargado, y yo de paso hice primer grado en la escuela 42 del barrio. Como en mi casa se hablaba alemán, me costó mucho al principio la escuela, así que me hicieron repetir primero inferior. Después hice hasta sexto grado en la escuela 119 de La Loma, y luego entré al colegio Deán Funes. Desde los 16 a los 20 años estuve en el Ejército como músico. Más tarde trabajé en YPF por dos años, y ya después entré al comercio. A los 27 me casé y tuve a mis dos hijos”, recuerda Teo.

“‏La fotografía es un hobby, como lo es la pesca, el golf o tocar el piano de oído. No te das cuenta, pero salís a sacar fotos todos los días”.

Su camino en la fotografía

“Todos tuvimos una cámara cuando éramos jóvenes. En un momento yo me fui a vivir a Buenos Aires, mis hijos estudiaban allá por ese entonces. Dio la casualidad que fui a parar al lado del Fotoclub. Empecé a hacer el taller básico y después cursos posteriores. Estuve cinco años en la institución, hasta fui secretario. Me contagié del espíritu de la fotografía, ahí aprendí en serio”, destacó Nürnberg.

Ahora bien, ¿qué es la fotografía para el hombre que posee el archivo de fotos más grande de Comodoro? Teo suspiró un poco y me miró fijamente. Creí que estaba por decir algo muy complejo, pero me equivoqué, soltó algo simple: “La fotografía es un hobby, como lo es la pesca, el golf o tocar el piano de oído. No te das cuenta, pero salís a sacar fotos todos los días. Nunca vi a la fotografía como un arte, porque nunca me preocupó si es o no arte, para mí la fotografía es fotografía, y el arte es arte. Es mi apreciación, eso no quita que en muchos lugares esté vinculada con el arte. Pobre el que no tenga un hobby, es muy aburrido no tener uno. Así tu hobby tenga polleras, tenés que tener uno. Hay que desconectarse, liberarse”, planteó el maestro.

El aprendizaje en Buenos Aires y los proyectos en Comodoro

En 1977, Teo Nürnberg hizo su primer taller de fotografía. Cuando rememora esa etapa de su vida, las emociones desbordan su rostro, recuerda esos años y le parecen gloriosos. “Esos años en Buenos Aires fueron muy lindos, estaba rodeado de lo mejor que había en fotografía en ese momento. Mis profesores eran los mejores del país, recuerdo con mucho cariño a Luis Morilla, creo que todavía da clases en el Fotoclub. Los que me enseñaron a mí son consultores permanentes, son tipos que saben mucho, y además son gente muy accesible. Recuerdo que Morilla trabajaba en el Emporio Argentino Fotográfico, cuando tenías dudas lo ibas a ver allá o al Fotoclub, siempre lograba sacarte todas las dudas que tuvieras”.

A fines de 1982, Teo volvió a Comodoro y quiso formar su propio club de fotografía, pero fracasó en el intento. “Me empecé a juntar con unos amigos, teníamos la idea de poner un club de fotógrafos, lo cual fue un fracaso total, porque para formar una institución necesitás un salón, teléfono, una secretaria, es una empresa en definitiva. Más allá de eso, entre las cosas buenas que logramos estuvo la visita de Pedro Luis Raota en 1985, estuvo cinco días en Comodoro. Fue uno de los fotógrafos más premiados del mundo, ese sí que era un genio”, recordó.

Más de dos décadas atrás, el esquelense que dice sentirse oriundo de Comodoro, había formado una empresa: Almacenes Petroleros Sociedad Anónima (APSA ). Luego de retirarse de su comercio, decidió poner su propio negocio de fotografía, el cual fundó en 1986 y llamó Expo Color.

“Estuve veinte años acá, hasta el 2006. Los fines de semana trabajaba como fotógrafo de sociales, también compraba y vendía artículos fotográficos. En 1983 empecé a dar cursos de fotografía y a hacer sesiones de estudio, el mío fue el primer estudio profesional que se montó en la ciudad”.

En Teo se destaca su capacidad de aprendizaje. La edad no es un impedimento, siempre está dispuesto a abrirse a nuevos conocimientos, como por ejemplo los programas de edición fotográfica profesionales como Lightroom. Este programa, básicamente, sirve para revelar las fotos digitalmente y posee una enorme cantidad de herramientas. “No tengo dominio de todas las herramientas de Lightroom, solo de las que me interesan. Hay un componente que se llama pincel, yo entiendo que si lo uso estoy pintando la foto, y yo no quiero ser pintor. Mi foto es como yo la saqué, lo que yo hago en Lightroom es agregarle el contraste que no tiene, porque yo uso una técnica en la cual sobreexpongo, por eso después agrego contraste con el programa”, señala.

Su archivo y un mensaje para las generaciones nuevas de fotógrafos

A lo largo de los años Teo fue conformando un enorme archivo fotográfico. Estima que lo integran más de 100.000 fotos, pero ni él está seguro de la cantidad. Hace algunos años fue a pasear a Rada Tilly y le mostró a Pedro Peralta -quien por ese entonces era intendente de la villa balnearia- una foto que había tomado su padre en 1920. “En tono de broma, le dije si no quería comprar un terreno en el lugar de la foto, que mostraba un Rada Tilly desierto, sin casas. Me dijo que esa foto era histórica, y ahí la cabeza me hizo un click, paré la oreja y empecé a recolectar fotografías. Comencé a guardar negativos y formé mi archivo con el paso de los años”.

Afuera el día está nublado. Las luces del interior del local iluminan poco, no estamos en penumbras, pero está algo oscuro. Ya llevamos casi una hora de charla y no nos queda mucho por hablar. Le pido al fotógrafo más reconocido de Comodoro una última definición de la fotografía y un mensaje para las nuevas generaciones de fotógrafos. Me contesta muy suelto y cumple lo que le pido, termina la nota con muy pocas palabras: “La fotografía es un modo de vida, es un cable a tierra. El legado que yo le voy a dejar a la gente es mi archivo y mis clases de fotografía. A los jóvenes, lo que puedo decirles es que disfruten del acto fotográfico, que tomen conciencia de que al momento de sacar fotos están grabando historia, están grabando un recuerdo de algo que ocurre en un tiempo. Cuando pasen los años, eso que retrataron va a seguir siendo importante”.

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