Florencia Dávalos: “amo cada canción que elijo cantar e intento transmitirlo a través de mi voz”

“El nuevo disco propondrá un recorrido por canciones que relacionan a la mujer con la memoria poética y musical de nuestro continente, donde lo femenino, misterioso e inasible, se escurre buscando un cauce común, una nueva forma al encuentro con lo propio”.

(Por Gustavo Grosso) Florencia de la música, Florencia de la voz, de la memoria, del andar cantando, del sentir y de la razón. “Desde que tengo memoria el canto me acompaña, como mi sombra. Canto a toda hora. Las palabras flotan en el aire y una canción siempre las encuentra; y ahí nomás, se unen, se hermanan; mi voz, el canto y esa canción. La palabra es un disparador de la memoria. De esa memoria que uno viene construyendo, quizás antes de haber nacido o antes de que pudiéramos siquiera articular palabra”, dice Florencia, dueña de un apellido que simboliza a la poesía; dueña de una voz que la hace mágica.

-Estás trabajando en un nuevo disco ¿Qué recorrido te proponés para ese proyecto?

-El nuevo disco propondrá un recorrido por canciones que relacionan a la mujer con la memoria poética y musical de nuestro continente, donde lo femenino, misterioso e inasible, se escurre buscando un cauce común, una nueva forma al encuentro con lo propio. La fuerza de lo anónimo, la diversidad de voces poéticas, ritmos, colores y temáticas serán los ejes de este recorrido.

-¿Se puede decir que el cantar es un compromiso? ¿Cómo y por qué lo asumiste?

-Puedo comenzar a contestarte con éstos versos tan sentidos de Víctor Jara: “Yo no canto por cantar /ni por tener buena voz /canto porque la guitarra/ tiene sentido y razón” o este otro que cantaba Cecilia Todd: “El cantar tiene sentido entendimiento y razón”. Cantar, canto desde que tengo memoria. No era consciente del compromiso que significa ser una cantora y de hecho anduve muchos años jugando a las escondidas con el canto. Hasta que me encontró. Ese encuentro con lo propio fue el inicio de un nuevo camino. No era cantar por cantar nomás. Había algo mucho más profundo por descubrir en ese camino. A los tumbos una va andando, sin mapas ni brújula. Algo te va llevando y te dejás estar en eso. Y en ese “estar estando”, encontré algo, me encontré. Fue como una revelación en la que la pasión y la emoción me acompañan, ambas son movimiento. Lo asumí con todo el amor que se merece la tarea de comunicarme cantando. Amo cada canción que elijo cantar e intento transmitirlo a través de mi voz. Es un encuentro con la identidad, en mi caso, fuertemente ligada a mis padres. Asumí mi identidad y me apropié de ello. Eso me sostiene.

-¿Qué te dice Humahuaca? ¿Qué te significa andar esos lugares?

-El vínculo con Humahuaca y con toda la Quebrada es muy especial porque he ido desde muy pequeña ahí. Es mi lugar en el mundo. Ese paisaje, la gente y sobre todo el silencio, ejercen un gran poder sobre mi espíritu. Es como si llegara a mi casa. Allí estoy en calma. Tengo hermosos recuerdos de viajes a la Quebrada con mi familia en el mes de febrero para los Tantanakuy, que se realizaban los días previos al carnaval. Estuve en los carnavales, en ruedas de copleros y copleras, cantando y bailando hasta el amanecer; desenterrando el diablito en la punta del cerro y bajando a los saltos serpenteando las callecitas de Humahuaca, con el diablo azuzándonos los pies. Allí, entre el pueblo, encontré la música andina. Allí comprendí el significado de lo colectivo. Encontré gente que vive con poco pero dignamente. Encontré alegría, amor, picardía, juego, amistad, compañerismo y la tristeza, esa fiel compañera que se espanta al llegar el carnaval. Esa música está impresa en mí a través del querido Jaime Torres, que nos la hizo amar como ninguno, con su charango; elevándola maravillosamente, como solo un genio puede hacerlo. Cada vez que hacíamos estos viajes la encontrábamos en cada esquina y nos desvelábamos con el Erque y el Acordeón de Fortunato, bailando en la Cacharpaya o riéndonos con las coplas pícaras de las Hermanas Cari, tocando en una rueda de sikuris con los Mitimaes. Muchos recuerdos, muchas andanzas y la música presente en cada momento.

“Cantar, canto desde que tengo memoria. No era consciente del compromiso que significa ser una cantora y de hecho anduve muchos años jugando a las escondidas con el canto. Hasta que me encontró. Ese encuentro con lo propio fue el inicio de un nuevo camino. No era cantar por cantar nomás. Había algo mucho más profundo por descubrir en ese camino”.

-Dicen por ahí que existe otro mundo, pero habitamos en éste. ¿Cómo es el mundo de Florencia Dávalos?

-A veces siento que vivo en algún mundo paralelo. Mi mundo cotidiano es criar a mi hijo menor, Nicanor. Las mañanas, la escuela, las comidas y los “lleva y trae” de todas las madres. Acompañar esa crianza de la mejor manera. Atravesado por el trabajo donde los viajes son un punto complicado en la ruptura de esa línea horizontal y monótona del diario vivir. Me encanta viajar y por suerte mi madre acompaña este camino con todo el amor del mundo. La música me ha transformado. Necesito salir, andar, decir, compartir cantando. Y por eso ando de aquí para allá con talleres de canto y conciertos. Me gusta conocer lugares nuevos, personas nuevas, abrirme a lo desconocido. El desafío es poder habitar ambos mundos en armonía.

-¿Cuál es la memoria de la semilla? ¿Hasta dónde abarca ese concepto? 

-Memoria de la semilla es un concepto muy bello y potente. Su sentido es profundo, y aún resuena en mí y en los otros. Abarca desde la raíz hasta la copa y se proyecta más allá en la flor y en el fruto. Vuelvo a decir que “Memoria de la semilla” es religar con el origen, el ser y su identidad. Es una búsqueda constante. Está en movimiento. Y es la voz, savia de ese árbol de sangres que se levanta dentro de uno. La voz es sabia (con B larga) porque sabe. La voz, mi voz, y todas las voces que me habitan, son vehículo de un mensaje que me trasciende.

Perfil

Comienza su trayectoria como cantante en 2005, luego de haberse dedicado durante veinte años al diseño de vestuario escénico. Inicia su camino musical, con el guitarrista y compositor, Lucho Guedes, formando el dúo Guedes-Dávalos. A partir de 2008, comienza su carrera como cantante

solista con la formación de un trío compuesto por Nicolás Spivak ( guitarra y arreglos ) y Gaspar Tytelman ( percusión ), con el cual lograron un trabajo sostenido durante tres años, presentándose en diversos escenarios. En 2010, crea el proyecto Memoria de la Semilla en homenaje a su padre, Jaime Dávalos, el cual es declarado de Interés Nacional por el Senado de la Nación Argentina y de Interés Cultural por la Secretaría de Cultura de Salta y la Municipalidad de Zárate, y ha recibido el apoyo de la Academia de Folclore de la República Argentina y de la Biblioteca Nacional.

En 2012, lanza su primer disco solista Memoria de la Semilla, integrado por 18 obras de Jaime Dávalos que compuso junto a grandes compositores como Eduardo Falú, Jaime Torres, Ariel Ramírez, Cuchi Leguizamón, César Espejo y Ernesto Cabeza. Cuenta con la participación de destacados artistas de reconocida trayectoria en la música popular argentina: Jaime Torres, Juan Falú, Liliana Herrero, Juan Quintero, Carlos Aguirre, Laura Peralta, Ramiro González y Franco Luciani. Con arreglos y dirección musical de Marcelo Dávalos, los músicos que participan en el disco son Abel Rogantini (Piano), Sebastián Henríquez (Guitarra), Jerónimo Carmona (Contrabajo), Mario Gusso (Percusión), Nicolás Enrich (Bandoneón) y un ensamble de 19 músicos liderados por el violinista Damián Bolotin.

A fines de 2012, realiza varias presentaciones del disco, en Salta, Rosario, San Pedro y Buenos Aires. En 2013, su primer disco solista Memoria de la Semilla es premiado por CAPIF con dos premios Gardel en las categorías: Mejor Álbum Artista Femenina de Folclore y Mejor Álbum Nuevo Artista Femenina de Folclore.

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