“La alegría y la paz interior que refleje un niño en su día a día nos indica que estamos haciendo las cosas bien”

En las últimas décadas, se han instalado prácticas que buscan alejar a los niños de sus necesidades naturales, obligándolos a adaptarse a los tiempos de los adultos. Mamaderas y chupetes que reemplazan tetas, cochecitos que sustituyen brazos y calor corporal, pañales que se quitan antes de tiempo, métodos de adiestramiento para que duerman y no molesten de noche son solo algunos ejemplos.

Mirar a los hijos, conectar con lo que necesitan, requiere desaprender ciertos mandatos sociales enquistados -y naturalizados- desde la propia infancia. Con información, con respeto, con disfrute y desde el corazón, Vanina Schoijett -mamá y puericultora- habla de lactancia materna, alimentación complementaria, crianza natural, sueño, desarrollo motor y más. Su flamante libro La revolución de la crianza es la puerta a la oportunidad de recibir otra mirada sobre lo que significa criar niños, decidiendo con el corazón y disfrutando de acompañar a los hijos con amor, información y respeto.

-El libro La revolución de la crianza impone desafíos desde el título ¿Por qué lo escribiste?
-La idea del libro, en línea con el espíritu de mi blog Duérmete Hannibal, es cuestionar y repensar una cantidad de mandatos y prácticas que empleamos en la crianza de nuestros hijos y que, muchas veces, poco responden a las necesidades reales de los bebés y niños pequeños. El libro expone muchos temas relacionados con la crianza, como la lactancia, el colecho, el sueño, etc., y pretende derribar muchos mitos y creencias a partir de información basada en la evidencia. Yo creo que el solo de hecho de no mirar para otro lado, de cuestionarnos y de tomar decisiones informadas es un un hecho revolucionario en sí mismo.

-¿De qué se trata el proyecto Duérmete Hannibal?
-Duérmete Hannibal nació como un espacio donde volcar los contenidos que empecé a generar cuando comencé mi formación como Puericultora. Mi hija mayor tenía dos años por aquel entonces y yo aún no podía ejercer formalmente la profesión porque estaba todavía estudiando, pero tenía mucha información aprendida y muchas ganas de compartirla de una manera original. El nombre surge como una humorada en repudio al Duérmete Niño, un libro que enseña a los padres a que adiestren a sus hijos para que duerman toda la noche. Entonces con mi marido, diseñador y motor creativo del proyecto, decidimos parodiarlo usando un personaje de ficción, Hannibal Lecter, para dramatizar en él las consecuencias emocionales del método nefasto que propone ese libro.

-En tiempos de tanto vértigo informativo, ¿encontrás en las redes sociales un ámbito de comunicación? ¿Cómo se informan las familias que quieren saber más sobre lactancia, crianza y maternidad?
-Absolutamente, creo que las redes son un medio muy valioso. No sólo desde las páginas que ofrecen información, como la mía, sino desde los grupos en lo que se puede intercambiar y aprender mucho. Desde luego, hay de todo. Información para tomar y otra para desechar. Creo que al final del día uno se queda con lo que realmente le resuena. Yo trato de presentar contenidos elaborados a consciencia y con profundidad, con las fuentes que los respaldan y, por supuesto, mi propia mirada personal. Pienso que las redes son una gran herramienta para las familias, aunque no todo puede resolverse desde atrás de una pantalla. Hay cuestiones que requieren un acompañamiento personalizado.

-¿Considerás que la puericultura ha logrado la visualización necesaria en el sistema de salud?
-Creo que es un área que se está expandiendo pero aún falta mucho por hacer. Hay muchos hospitales que aún no cuentan con un servicio de puericultura para trabajar con las madres y sus recién nacidos. Muchas personas que ni siquiera saben qué es una puericultora. Diría que en los últimos 20 años ha comenzado un lento resurgimiento de la lactancia, de la importancia del amamantamiento y eso está generando un cambio de consciencia respecto del tema. Es una cuestión de salud pública y como tal necesita de políticas que faciliten apoyo a las familias en cuanto a la lactancia y crianza de sus hijos.

-Las urgencias, las condiciones actuales de trabajo y otros factores hacen que en muchos casos la separación madre e hijo ocurra a muy pequeña edad, y en muchos casos se compensa esa realidad diciendo que eso es bueno… ¿De dónde sale esa creencia y cómo pensás respecto a esto?
-De ninguna manera una separación temprana puede resultar buena ni para la madre ni para el bebé (dejando de lado situaciones extremas de salud, física o mental, que así lo requieran). Creo que se buscan pretextos para consolar a las madres que deben dejar a sus hijos pronto para volver a trabajar y ser parte nuevamente de la rueda productiva. Criar hijos no enriquece a ninguna corporación y por eso, el valor de la maternidad como ocupación, con dedicación prioritaria durante los primeros años de vida del niño, está tan bastardeado. La duración de las licencias por maternidad es ridícula y muchas mujeres no tienen las posibilidades económicas de tomarse una mayor excedencia. Es una realidad terrible y muy triste. Pero no por eso podemos decir que las separaciones sean positivas. El niño pequeño, especialmente en su etapa primal, que va desde la gestación hasta los 3 años, necesita de su madre el mayor tiempo posible. Todo el tiempo posible. Su maduración, su crecimiento, le permitirán expandir su mundo de a poco e ir creando otros vínculos, lógicamente. Pero un bebé de tres, cuatro meses, que en teoría debiera ser alimentado de forma exclusiva por el pecho de su madre y a libre demanda, ¿cómo podría beneficiarse con la separación? Me parece más sano y más adulto entenderlo y asumirlo como una realidad y buscar la forma de compensar nuestra ausencia cuando sí estemos con nuestros bebés, que conformarnos con pretextos que están basados en una mirada puramente adulto-céntrica y productivista.

-Cuando se habla de lactancia, de amamantamiento, aparecen prejuicios, también lugares comunes.. ¿Cuáles son algunos de los mitos por derribar?
-Lamentablemente aún hoy se siguen sosteniendo muchos prejuicios y mitos, incluso de boca de profesionales de la salud, lo cual lo hace aún más preocupante porque a las madres les pesa más si el comentario lo emite una persona “que sabe”. Uno de los que se ven más enquistados es el tema de la duración de la lactancia y el escándalo que se produce cuando se ve a un niño que camina y habla, tomando la teta. No podemos soportar ver la teta en boca de un niño “mayor”. Sólo nos bancamos la teta que vende en la tele, pero ese es otro tema. El asunto con la duración de la lactancia sería, en principio, entender que no es algo exclusivo de los bebés pequeños y que nuestra especie, en términos fisiológicos, está diseñada para amamantar un promedio de 4 años aproximadamente. A este tema se suma el peso que la industria láctea tiene en nuestra cultura y cómo nos han hecho creer que los niños necesitan la leche de vaca. Entonces nos preocupamos para quitarles pronto la teta y darles a cambio “leche de verdad”, que es la leche que la vaca produce para sus terneros. No para los humanos.

¿Qué te produce la sonrisa de un niño?
-De alguna manera, esa sonrisa es el alimento de mi vocación. En mi trabajo con recién nacidos, veo al bebé en una etapa en la que utiliza el llanto para pedir todo lo que necesita. Cubrir satisfactoriamente esas necesidades de apego, de alimento, de entrega será recompensado cuando ese niño más tarde comience a interactuar desde otro lugar. La sonrisa es un lindo ejemplo de esto. Siento que la alegría y la paz interior que refleje un niño en su día a día nos indica que estamos haciendo las cosas más o menos bien.

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