Abusos: crucial reunión del Papa con los obispos chilenos la semana que viene

En lo que se espera que genere una dramática purga en la Iglesia chilena , la más desprestigiada de América Latina después de los escándalos de abusos sexuales, pero también “de poder y de conciencia” de las últimas décadas, el papa Francisco se reunirá la semana que viene, del 15 al 17 de mayo, con obispos de este país, confirmó hoy el Vaticano .

“El objetivo de este largo ‘proceso sinodal’ es discernir juntos, en la presencia de Dios, la responsabilidad de todos y cada uno en esas heridas devastadoras, así como el estudio de los cambios adecuados y duraderos que impidan la repetición de actos siempre reprobables”, indicó un comunicado de la Sala de Prensa de la Santa Sede.

“El Santo Padre, interpelado por las circunstancias y los desafíos extraordinarios que plantean los abusos de poder, sexuales y de conciencia, ocurridos en Chile a lo largo de las últimas décadas, considera necesario examinar en profundidad sus causas y consecuencias, así como los mecanismos que han llevado en algunos casos a su encubrimiento y a las graves omisiones hacia las víctimas”, aseguró también la nota del Vaticano.

Esta aludió al escándalo de abusos perpetrados en las décadas de 1970 y 1980 por el carismático sacerdote Fernando Karadima, prelado cercano a las clases acomodadas y al poder en plena dictadura de Augusto Pinochet, condenado en 2011 por el Vaticano a una vida de silencio y penitencia. Este escándalo se reavivó con la designación en 2015 de Juan Barros, obispo del grupo de Karadima, en la ciudad de Osorno.

El nombramiento de Barros, realizado por Francisco, provocó una verdadera rebelión entre los fieles y grupos de víctimas, que acusaron a Barros de haber encubierto los crímenes de Karadima. El Papa respaldó a Barros en diversas oportunidades y el caso marcó a fuego su viaje a Chile de enero pasado. Al regresar y en una virtual marcha atrás, el exarzobispo de Buenos Aires decidió enviar una misión especial al país, encabezada por el arzobispo maltés, Charles Scicluna, máximo experto en pedofilia del Vatiano.

Tras leer el informe de Scicluna, fruto de entrevistas con más de 60 personas, el 8 de abril pasado el Papa les escribió una dramática carta a los obispos chilenos. En la misiva pidió perdón y admitió haber incurrido en “graves equivocaciones” en la percepción de la situación y, en una acción drástica, los convocó a Roma para tomar medidas de “corto, mediano y largo plazo”, para reparar el daño. Se espera, en efecto, la salida -probablemente a través de su renuncia-, de unos diez obispos.Mientras muchos de ellos ya comenzaron a llegar a Roma, el Vaticano adelantó que a lo largo de sus encuentros con el jefe máximo de la Iglesia, que tendrán lugar en un salón adyacente al Aula Pablo VI, “el Papa Francisco compartirá sus conclusiones personales derivadas de la reciente misión especial a Chile confiada al arzobispo Scicluna y al reverendo Jordi Bertomeu, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, completadas además con los numerosos testimonios orales y escritos que Su Santidad ha continuado recibiendo en las últimas semanas”.

El comunicado hizo referencia, sin nombrarlos, a los encuentros sin precedente que Francisco tuvo, desde fines de abril, con Juan Carlos Cruz, James Hamilton y Juan Andrés Murillo, las tres víctimas más emblemáticas de Karadima, a quienes invitó a pasar varios días con él en su “casa” de Santa Marta. Entonces, el Papa conversó largamente con cada uno de ellos, les pidió perdón – “Yo fui parte del problema”, dijo-, reconoció con humildad sus errores y escuchó sugerencias, según contaron las víctimas.

Las víctimas, que fueron maltratadas por la jerarquía eclesiástica local, que jamás las escuchó, sino que las difamó, también reclamaron “acciones concretas” y “medidas drásticas” de parte del Papa. En particular, demandaron la salida del cardenal Francisco Errázuriz, arzobispo emérito de Santiago, a quien acusaron de ser el máximo encubridor de los abusos de Karadima; del cardenal Ricardo Ezzati, actual arzobispo de Santiago (que ya renunció por motivos de edad); del nuncio Ivo Scapolo y de los cuatro obispos de Karadima: Juan Barros, Andrés Arteaga, Tomislav Koljatica y Horacio Valenzuela.

Pastores buenos

Errázuriz, miembro del G9 -el grupo de cardenales consultores del Papa-, también había sido convocado a esta crucial reunión, pero hizo saber que no vendrá “por motivos personales”, algo muy criticado por la prensa chilena.

Sí participarán 31 obispos diocesanos y auxiliares -entre los cuales está Barros- y dos obispos eméritos, confirmó el Vaticano, que detalló que “el Santo Padre estará también acompañado por el prefecto de la Congregación para los Obispos, cardenal Marc Ouellet”.

“Es fundamental restaurar la confianza en la Iglesia mediante pastores buenos que testimonien con su vida el haber conocido la voz del Buen Pastor: que sepan acompañar el sufrimiento de las víctimas y trabajar de manera decidida e incansable en la prevención de los abusos”, agregó.

Como había hecho en la carta del 8 de abril pasado, en la que los convocó a esta reunión que para muchos analistas significará un verdadero tsunami para la Iglesia chilena, el Papa hizo saber que espera una conversión “de todos”.

“El Santo Padre agradece la disponibilidad de sus hermanos obispos a ponerse a la escucha dócil y humilde del Espíritu Santo y renueva su petición al pueblo de Dios en Chile a continuar en estado de oración para que tenga lugar la conversión de todos”, señaló el comunicado del Vaticano.

En medio de gran expectativa mediática y varios medios chilenos que viajaron para cubrir un momento que marcará un antes y un después para la Iglesia chilena -criticada por ser elitista y clerical-, el Vaticano también advirtió que “no está previsto que el Papa Francisco haga ninguna declaración ni durante ni después de las reuniones, que se desarrollarán en estricta confidencialidad”.

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