Cocina Celíaca Artesanal: transformar el diagnóstico en salida laboral

La joven cocinera Maira Riquelme comenzó hace seis años un emprendimiento de cocina celíaca luego que toda su familia fuera diagnosticada con la enfermedad.

Maira Riquelme estudiaba administración cuando fue diagnosticada con la enfermedad. Su afición por la cocina y la falta de opciones la llevaron a dedicarse a la cocina celíaca como salida laboral. Hace seis años tiene una sala de elaboración en su vivienda de barrio Palazzo y piensa en abrir una panadería.

En su sala de elaboración, Maira recibió al equipo de Crónica para contarnos su historia y la de su proyecto: Cocina Celíaca Artesanal. “En el 2010 apareció la celiaquía en la familia completa. Mi hermana tenía un montón de síntomas y se fue a Buenos Aires porque acá nadie le daba en la tecla, y dio que era celiaquía”. Luego los síntomas también comenzaron a manifestarse en ella y un tiempo después en su sobrino de cinco años. Sus padres si bien no son celíacos, tienen algunos de los síntomas, con lo cual decidieron directamente eliminar el gluten de sus vidas.

En ese entonces, como hobby estudiaba cocina pero el contacto con alimentos con gluten le producía irritación en la piel. Luego se fue a vivir a Paraná, Entre Ríos, donde continuó estudiando y se perfeccionó. “Conocí a María Cecilia Pautasso, la fundadora de la Asociación Celíacos de Entre Ríos, ella me ayudó un montón. En esa provincia hay muchos cursos, capacitaciones gratuitas, hay muchas empresas que se dedican a elaborar las féculas, muchos productos que son económicos tienen el logo ­-Sin TACC- que en otras provincias no llegan” cuenta.

Comienzo del proyecto

Cuando volvió a Comodoro no consiguió trabajo en ningún comercio gastronómico; “no se conocía la celiaquía, llevaba mi curriculum con todos mis cursos y experiencias que acá no había y no estaban al tanto, nadie estaba abierto de mente como para incluirnos” recuerda, por lo que tomó como opción iniciar su propio emprendimiento. Con el apoyo de sus padres, construyó la sala y después de un año de hacer trámites finalmente consiguió la habilitación. Sobre este proceso señala: “no me lo querían habilitar para celíacos porque no se sabía nada del tema, en la Municipalidad no estaban al tanto y no querían arriesgarse a darme el sí por el riesgo de contaminar a alguien y de cómo repercute en el intestino, que no es poca cosa” en este sentido explica que el contacto con gluten no es solo una intoxicación para un celíaco, sino que produce la pérdida de vellosidades del intestino y que tarda seis meses en recuperarse.

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