El hombre que espera poder volver

Fernando De la Rúa lo convocó en 2001. Pensó que era el bombero que iba a apagar el incendio pero el remedio fue peor que la enfermedad. En medio de la desbandada del dólar, Cavallo vuelve a autopostularse como el salvador a pesar de su triste performance en la función pública.

“Falta un ministro de Economía”, aseguró envalentonado Domingo Cavallo. El dos veces titular de esa cartera fue lapidario con el manejo de la economía en el gobierno de Mauricio Macri y, tal como viene haciendo hace ya un tiempo con los funcionarios del Banco Central, dejó sus recomendaciones.

“Un país necesita una persona que entienda globalmente cómo funciona la economía. Un Ministerio de Economía que incluya Hacienda y Finanzas, Energía, Producción, Agricultura. Un ministro de Economía”, insitió quien alguna vez se lo denominó “Super ministro” por la cantidad de responsabilidades y atribuciones que había condensado bajo su órbita.

Y siguió adelante con su autopostulación develando sus eternas ansias de regreso: “En el año 2002 me proscribieron (…) he tratado de ayudar al gobierno de Néstor Kirchner, al de Cristina Kirchner y al de Mauricio Macri. Le he enviado a Macri y a casi todos los miembros de su equipo mi libro Historia económica de la Argentina”.

A pesar de sus ansias la realidad es que su paso por la función pública no dejó buenos recuerdos, por lo menos no en la comunidad en general.

En 1982, en plena dictadura militar, fue uno de los funcionarios que preparó el terreno, mediante la implementación de seguros de cambio, para lo que finalmente concretaría su sucesor al frente del Banco Central de la República Argentina: la estatización de 17 mil millones de dólares de deuda externa privada. Ese monto equivalía a casi la mitad de la deuda externa pública de la Argentina.

De la noche a la mañana las multimillonarias deudas de grandes grupos económicos como los de la familia Macri o Fortabat pasaron a ser deudas de todos los argentinos.

Ya en la presidencia de Carlos Menem, Cavallo volvió a la función pública como ministro de Economía. Desde allí instauró la convertibilidad, un artificio financiero por el cual, merced de la continua toma de deuda y venta de activos del Estado nacional, un peso valía un dólar. Esa política puso fin al periodo de hiperinflación que marcó el fin del gobierno de Raúl Alfonsín pero destruyó la industria nacional y multiplicó el desempleo y la pobreza.

Esa fantasía terminó por estallar en diciembre de 2001 cuando el gobierno de Fernando De la Rúa, también con Cavallo como ministro de Economía no tuvo más acceso al crédito internacional ni a renegociaciones de la deuda. El ajuste fue brutal, se redujeron los sueldos de los estatales y los haberes de los jubilados para poder pagarle a los acreedores externos.

Cavallo fue el mentor del corralito financiero que secuestró los ingresos de los trabajadores a los que sólo se les permitía disponer de 250 pesos semanales de sus ingresos y ahorros.

La convertibilidad, el aumento de la deuda, del desempleo y la pobreza terminó por estallar en diciembre de 2001 en la peor crisis económica y social de la historia moderna de la Argentina.

Ahora ofrece consejos y sueña con volver.

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