El Regimiento 8, la unidad que combatió con 27 soldados

Algunos pensaban desde hace años que todas las tropas del Regimiento de Infantería Mecanizado 8 “General O’Higgins” habían permanecido en una zona de las islas llamada Bahía Fox y que no habían entrado en combate. Los hechos salieron a la luz con la historia de la sección del Subteniente Aliaga.

Un pequeño puñado de hombres fue separado de toda la tropa del RI8 y enviado a combatir al istmo de Darwin. Fueron tres días en los que el inglés se dio cuenta de que iba a tener que hacer un esfuerzo sobrehumano si quería ganar la guerra.  Soldados de sección del Subteniente Aliaga fueron enviados al istmo para reforzar a la Fuerza de Tareas “Mercedes”, que estaba compuesta por efectivos del Grupo de Artillería Aerotransportado IV de Córdoba, tres compañías del Regimiento 12 de Corrientes, y tres secciones del Regimiento 25 de Sarmiento. Al mando del (por entonces) Subteniente Guillermo Aliaga, la sección de 26 hombres perteneciente al Regimiento 8 de Comodoro Rivadavia combatió con valentía y dio todo en el terreno de batalla hasta el 28 de mayo, día en que fueron tomados prisioneros.

Se pensaba que los ingleses iban a atacar por mar, los argentinos tenían la idea de que el enemigo iba a desembarcar en la playa del istmo de Darwin y recién ahí iba a atacar. Por lo tanto, la defensa organizada había sido puesta de cara al mar. La sección de Aliaga fue enviada para defender la costa de los ingleses, pero el joven oficial tomó mayores recaudos. El Subteniente dispuso a sus hombres en un radio de 360 grados, pensando que además de la playa, los invasores podían usar otro método de entrada hacia el terreno.
“Hubo un cambio de órdenes y a Aliaga le ordenaron cambiar el frente. Pero él, llevado por su intuición, decidió mantener un grupo de hombres hacia el frente, hacia lo que era la parte de tierra, y no el mar. El ataque vino desde el norte y dio certeza al pensamiento del Subteniente, quizás si no hubiese sido así lo hubiesen agarrado desprevenido, o tal vez no tan bien preparado”, relató hace unos días el Subteniente Bravo a Crónica durante una visita al museo del Regimiento 8. Lo que pasó después es historia conocida. Cuando los argentinos agotaron la munición debieron rendirse, por eso finalizó el conflicto. Las tropas de nuestro país fueron tomadas prisioneras y permanecieron en esa condición hasta que se firmó la rendición argentina.

 “Al”

Héctor Altenburger es un bravo cordobés que a los 19 años fue a pelear a Malvinas como apuntador de MAG. Hizo el servicio militar obligatorio, y cuando estaba a punto de abandonar el Ejército y volver a ser un ciudadano común, se enteró de la recuperación de las islas. Sus compañeros le decían “Al”, diminutivo de “Alemán”, por su apellido originario del país europeo.

En una entrevista exclusiva con Crónica, Héctor relató parte de sus vivencias en la guerra y contó cómo fue participar del emblemático hecho histórico. “Yo era un chico de 19 años. El 23 de abril cumplí los 20 en Malvinas, el mismo día que pisé el suelo de nuestras islas. El día antes de partir, mi padre me entregó una caja de zapatos con dos postres Strudel que me había mandado mi abuela. Cuando llegué a las islas con mis compañeros los cortamos en pedacitos y nos tomamos una cerveza que teníamos. Festejamos mi cumpleaños en la costa de Darwin, de no creer”, recordó el veterano de 55 años de edad. Altenburger resaltó, además, que cuando se enteraron de que iban a ir a Malvinas, en el Regimiento ya sabían lo que estaba pasando a unos kilómetros de Comodoro Rivadavia. Durante días, Héctor y sus compañeros cargaron aviones con provisiones en el aeropuerto de esta ciudad. Luego vino la mejor parte. Un compañero tuvo la idea de escribir una carta en donde pedía por él y sus compañeros ir a Malvinas. Unos días antes de partir, los soldados fueron citados en la plaza de armas. El Teniente Coronel Repossi (jefe de unidad por ese entonces) se paró enfrente de la tropa y ordenó: “aquellos que quieran ir a Malvinas, den un paso al frente”. Solamente dos o tres hombres no dieron ese paso al frente, todo el resto avanzó decididamente.

Enfrentando el miedo

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El 23 de abril, “Al” llegó a las islas con sus compañeros y festejó su cumpleaños. Ese mismo día fueron atacados: “nuestra primera misión fue defender la playa de Darwin. Nosotros veíamos cómo unos compañeros trataban de sacar un avión Pucará de un pozo. Ahí fue cuando tiraron la famosa Beluga, esa bomba que se abre y tira como cincuenta bombas más chicas en el terreno. Cuando hicieron la segunda pasada les tiramos con todo, logramos despedazar a uno de los aviones Sea Harrier. El motor me pasó a unos quince metros, hacía sapitos, me acuerdo. Esa fue la primera vez que sentí las balas de cerca. Me pegué un susto bárbaro, tuve miedo. En Malvinas no existieron hombres que no tuvieran miedo”, relató el exsoldado clase 62.

Luego de esto, Altenburger fue enviado junto con el resto de los hombres del Subteniente Aliaga a Boca House. Permanecieron en el lugar desde el 10 de mayo hasta el 28, día en el que fueron tomados prisioneros.

El grupo ALA

Oficialmente, nunca fueron llamados así, pero podría haber sido una buena idea. Los soldados Allende, Legria y Altenburger eran apuntadores de MAG, y muy buenos. Cerca de las 4:30 de la madrugada del 28 de mayo, Héctor divisó a los ingleses aproximándose a su posición. “Fui el primero en verlos. ‘Che, loco, estos no son nuestros’, le dije a mis compañeros. No alcancé a decir eso que ya les estaba cayendo la primera ráfaga de la MAG”.

“En la primera media hora, a Allende le cae una esquirla en la médula y queda fuera de combate. Entonces Legria siguió tirando y yo seguía abasteciendo la ametralladora. Nosotros los veíamos cuando bajaban, si uno caminaba en línea recta deberían ser no más de 300 o 500 metros, no era mucha la distancia a la que estábamos. Me acuerdo que teníamos tres bandas de 300 tiros cada una. A medida que iban saliendo las municiones, yo iba recargando del otro lado. Cuando terminaba de recargar le tiraba la banda a Legria para el otro lado, me tiraba cuerpo a tierra y cambiaba de cañón. Durante ese trajín, Legria ponía la banda y empezaba a tirar yo”, recordó el héroe de guerra.

Prisionero, pero héroe

El 28 de mayo, la fracción del Subteniente Aliaga fue tomada prisionera. Todos sus efectivos tenían heridas, pero no hubo ninguna baja. El resto ya se sabe. Los ingleses ganaron la batalla y la guerra siguió su curso. Y el 14 de junio llegó la peor noticia: Argentina había perdido el conflicto bélico. La bandera de los ingleses flamearía una vez más en las Islas Malvinas.

Héctor ni siquiera dejó que el periodista terminara la pregunta. “Voy de una. Volvería, y si me tengo que quedar, me quedo. Yo pienso que somos los últimos patriotas que quedan. Ya no hay generaciones que muestren lo mismo que nosotros por la bandera. Me parece que todos somos contadores de vivencias, ninguno es historiador ni se dedica a la materia”, planteó el hombre que sus compañeros conocían como “Al”.

Cuando está a punto de cortar el teléfono, su voz empieza a entrecortarse. Se nota que está llorando, o está a punto de hacerlo. “Varios de mi sección ya no están. Se suicidaron porque no aguantaron todo lo que vivimos en las islas. Esto fue resultado del descuido que hubo con los veteranos después de la guerra, pero eso ya es otra historia”, finalizó el veterano de Malvinas.

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