Rodolfo Alfredo Schmal, un héroe que no tuvo pánico

Durante la Guerra de Malvinas integró la IX Brigada Aérea y combatió con el grado de Cabo Primero. Fue jefe de un grupo de apoyo y comandó los destinos de unos cuantos soldados. Inclusive, luchó codo a codo con Héctor Bordón, ese soldado que tanto quieren en Comodoro Rivadavia. A 36 años de aquella histórica contienda, el Suboficial Principal recuerda con lujo de detalles todo sobre Malvinas.

“Yo era especialista, era mecánico de armamento. Me desempeñé en el escuadrón de tropas y fui encargado de sala de armas. Además fui sub-instructor de una de las secciones de combate de la Compañía de Defensa. Nos desplegamos el mismo 2 de abril, y volvimos el 20 de junio al continente”, comenzó Rodolfo.

El 26 o 28 de marzo (no recuerda bien qué día fue) los acuartelaron a todos y les pidieron formar a todo el escuadrón. Había que partir el grupo por la mitad, de cuatro secciones tenían que quedar dos. Les dijeron que iban a hacer un ejercicio en un aeródromo, y que debido a las contingencias climáticas los soldados seleccionados no podían estar enfermos. “Nosotros sabíamos quiénes eran los más aptos para el ejercicio. Nos reunimos todos los sub-instructores y elegimos las dos secciones de combate. Además, armamos un grupo de apoyo para esas dos secciones. En en mi caso, yo era el jefe del grupo de apoyo, tenía dos MAG para cubrir los avances y retrocesos de nuestra tropa, para que pudieran desplazarse sin verse afectados por el fuego enemigo”, recordó el hombre de 59 años.

Antes de partir hacia Malvinas, Schmal y sus soldados estuvieron haciendo prácticas de combate. Les habían dicho que durante el ejercicio iban a tomar un aeropuerto. Iban a viajar en un avión Hércules e iban a saltar cuando estuviera carreteando. Finalmente, llegó el 2 de abril. Ellos tenían en la cabeza la idea del ejercicio, no sospechaban que iban a participar de la recuperación de las islas que los ingleses habían usurpado hacía 150 años. “Estábamos almorzando y me mandaron a la terminal aérea a averiguar en qué vuelo salíamos. Cuando llegué escuché al suboficial que estaba con los listados: ‘en el próximo vuelo a Malvinas viajan ustedes’. No sé si se le escapó o qué, pero yo escuché eso y ya sabía adónde iba a ir”.

Malvinas desde cerca

Luego de saber la noticia, el por entonces Cabo Primero volvió al escuadrón y comentó el tema con otros suboficiales. A la una y media de la tarde embarcaron y emprendieron el vuelo. En el medio del trayecto les avisaron que el aeropuerto ya había sido tomado, lo que produjo alivio a la tropa, ya que en esas situaciones era complicado saber cómo resultaría la batalla.

“Cuando llegamos estaban embarcando a los Royal Marines capturados por los argentinos. Otros se escaparon, pero a los días los encontraron y los tomaron prisioneros. Nosotros quedamos establecidos atrás del aeropuerto. Teníamos que hacer nuestras posiciones, apoyar a los aviones que venían con distintas cargas, descargábamos munición y víveres, hacíamos todo lo referido a la logística”.

El bautismo de fuego

Un mes después de haber llegado a las Islas, más precisamente el 1 de mayo, Rodolfo y su tropa tuvieron su bautismo de fuego. El cielo se oscureció y apareció una mancha negra. Era un avión Vulcan que diseminó bombas por todo el aeropuerto. Una de las secciones estaba apostada en la costa, y la de Schmal estaba descansando. A las cuatro y cuarto de la mañana se despertaron sobresaltados, quedaron hundidos debajo de la carpa. “Sufrimos los impactos de las bombas, nos cayeron a unos veinte metros más o menos. Tuvimos cuatro heridos y un fallecido. Yo no sabía ni qué estaba pasando, corté el paño de la carpa con el sable bayoneta y logré salir. Escuché a un soldado que me dijo ‘¡ayúdeme mi Cabo Primero, no me deje!’. Lo levanté y lo llevé a los refugios que habíamos hecho a cincuenta metros. Después, al rato, encontré al soldado Héctor Bordón. Estaba muerto”, contó el veterano de guerra.

Desde ese momento, la tropa a cargo del joven suboficial se desplazó a un costado de la isla. Ahora tenían que defender la playa. Estuvieron en el mismo lugar hasta el final de la guerra. “Donde íbamos nos bombardeaban. La pista y el aeropuerto eran los campos de tiro de los ingleses. Ellos sabían nuestros horarios para comer y nos tiraban especialmente en esos momentos. Era una forma de desgaste increíble. Después nos mandaron a cuidar los Pucará que habían quedado sanos, y ahí se terminó nuestra tarea en la guerra”, rememoró el héroe de guerra.

Con miedo, pero sin pánico

En otro tramo de la nota, el Suboficial Principal retirado hizo un análisis de su rol en la guerra y manifestó que “nadie está preparado para una guerra. Hasta que estás ahí no entendés bien de qué se trata. Yo vi a hombres muy preparados temblar como una hoja, y nos los juzgo por eso. Uno no sabe cómo le va a ir en una situación extrema. No podés dejar que el miedo se convierta en pánico, si eso pasa, tenés un problema muy grande. En mi caso, por ejemplo, yo tenía gente a cargo, no podía demostrar miedo, porque no hay forma de dirigir a otras personas si uno no puede dirigirse a sí mismo”, planteó.

Para concluir la entrevista, Rodolfo Schmal, más conocido como “Freddy” por sus amigos, reflexionó acerca de lo que fue la guerra y resaltó que “la causa existía, estaba presente. Yo creo en esta causa, y creo que en ese momento fue necesario hacer lo se hizo. Si tuviera que volver, lo haría. Yo soy un soldado, estoy retirado, pero voy a ser un soldado toda mi vida”, concluyó el héroe de Malvinas.

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