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Miércoles 3 Enero 08:36
Andrés Aguilar, un peón del ajedrez
Ricardo Andrés Aguilar tuvo un año excepcional. Se dedica al Ajedrez desde los siete años -con algunas intermitencias- y fue en este 2017 que vivió lo más trascendente desde que mueve las piezas. Fue calificado como Maestro FIDE, una distinción que ningún chubutense pudo lograr. Desde el riñón del Barrio Pietrobelli, Andrés es un abanderado en perseverancia y talento.

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Hay momentos de la vida que van marcando el rumbo. Andrés (32 años) no quería jugar al ajedrez cuando tenía siete años. En la esquina de Formosa y Alvear le daba a la pelota hasta que las zapatillas decían basta. En ese mismo grupito de chicos había un par que se arrimaban hasta el Colegio Domingo Savio para jugar ajedrez.

Marta -la mamá- le insistía al primogénito que se arrime, que ocupe al menos una horita para agilizar la mente. “No sabía bien con lo que me iba a encontrar, pero estar sentado ya me hacía creer que no iba a gustarme”, recuerda Andrés.

Y se enganchó como nunca hubiera imaginado. “Una vez que aprendí, me gustó mucho. Mis padres siempre me incentivaron a resolver acertijos matemáticos, problemas de todo tipo y el ajedrez es mucho de eso. También descubrí que yo era muy competitivo, que me gustaba ganar en todo y eso me fue llevando hacia la búsqueda del aprendizaje. Con 7 años le ganaba a chicos de 12 y eso me enganchó mucho”.

Y empezaron las aventuras. “Empecé a jugar a fines del ‘93 en el Domingo Savio y ya, en febrero del 94 viajé a mi primer nacional,, después no jugué más un torneo argentino, me perdí muchas cosas porque no teníamos Federación, es decir que no podía tener participación en un nivel de cadetes o juveniles. Eso me impidió participar en Panamericanos, Mundial o torneos internacionales”. 

“Muchas veces viajé con el pasaje de ida, sin alojamiento asegurado o comida. Eso no lo sabían mis padres, pero me gustaba tanto el ajedrez, tenía tanta pasión que no me importaba dónde dormir o qué comer. Yo quería estar -por ejemplo- en Buenos Aires para jugar. Después veía donde dormía o qué comía. Me las ingeniaba a través del ámbito del ajedrez o con ayuda del CENARD, pero muy de caradura. Mis padres se enteraron mucho después de esas cosas. Una vez casi me quedo en Mendoza para Navidad porque no tenía pasajes y los conseguí a último momento. Siempre me animé a hacer esa clase de cosas, pero me motivaba el ajedrez, de otro modo no lo hubiera hecho”.

Andrés es el mayor de cuatro hermanos, después siguen Cinthya (28), Pedro (24) y Tania (19). “Mis padres -Marta y Pedro- siempre nos apoyaron a los cuatro en los deportes. Mis hermanas si son las reales deportistas, las dos están en el Handball y en el alto rendimiento. Tania viaja representando al país en torneos Panamericanos. Mi hermano Pedro juega muy bien al futbol de salón. Son deportistas de verdad, jaja”.

En aquellas escapadas a Buenos Aires, Andrés se entremezclaba con los mayores. “Iba a jugar los Abiertos en los que participaba por ejemplo Oscar Panno. Me mandaba a Buenos Aires con algún amigo y jugaba los torneos con los más grandes, no con los de mi categoría de 17 o 18 años”.

_ ¿Cómo es la personalidad de un ajedrecista?.

_ Somos un poco egoístas, es verdad. En la competencia estamos absolutamente solos y nos hacemos dueños de los aciertos, pero también tenemos que hacernos cargo de los errores. No podemos echarle la culpa a un compañero, un rival, el técnico, un árbitro. Eso es justamente lo mejor que tiene el ajedrez, que te haces responsable de tus acciones, sean buenas o malas. Entender el por qué de un error, analizarlo y después tratar de corregirlo.

_ Y eso te sirvió mucho en todos los aspectos…

_ Sí, tal cual. Cuando estás en el periodo adolescente o juvenil, perder te genera conflicto, falta de autoestima si se repiten las derrotas. Y es ahí donde vas aprendiendo a manejar los impulsos, los estados de ánimo. También te enseña a estudiar. Porque como te interesa mejorar, leés mucho, vas entendiendo como un nuevo idioma, porque el ajedrez es eso, un idioma que se trata de aprender. Entonces cuando tenés que estudiar carreras en las que hay que leer mucho, el ejercicio ya está asimilado. Si querés dominar una carrera estudiantil, hay que estudiar y leer mucho, en el ajedrez pasa lo mismo. A mí me ayudó mucho en todos los sentidos.

_ Tuviste etapas con el ajedrez, una cuando estabas dedicado al estudio y luego cuando terminaste con la carrera de Contador…

_ Cuando terminé la Universidad es como que también se presentó otro panorama en mi vida. Se me abrió la puerta laboral y ya me autofinanciaba mis viajes. Ya no tenía que molestar a mis padres para ese gasto que siempre fue importante. Porque para seguir evolucionando tenía que jugar en otro nivel y eso requiere viajar. Y también disponía de otros tiempos. El estudio ya no reclamaba ese espacio y lo dediqué al entrenamiento. Estaba sacando cuentas y este año jugué diez torneos. Nunca jugué diez torneos en un año y eso también marca una evolución.

_ Esa evolución redundó en el título de Maestro FIDE…

_ Para ser Maestro FIDE tenía que superar a jugadores un nivel más alto que el mío. Voy a Buenos Aires, juego con el Nº 2 de nuestro país. Ese empate te da más puntos que ganarle a cualquier jugador de mi nivel. Después empaté con dos Grandes Maestros y con esos resultados, llegué al título de Maestro FIDE. Coincidió tener esa performance en tres días seguidos. Algo que no había hecho nunca. Es decir, había tenido buenos resultados ante jugadores de ese nivel, pero no consecutivamente en un mismo torneo. Se dio así y por eso pude conseguir el título de Maestro.

_ ¿La perseverancia actual es típica en vos o tuviste que activarla ahora?.

_ Siempre fui de dedicarme, lo que sucede es que no tenía herramientas como para enfocarme en lo que realmente necesitaba. Por ejemplo, Oscar Panno es uno de los grandes ajedrecistas que dio el país y mi entrenador tiene mucho contacto con él. Son esas relaciones y conocimiento de los más grandes, lo que eleva el nivel de juego. Y todo es transitivo, el conocimiento de mi entrenador de todo ese nivel, es lo que me llegó a mí en estos tres años de entrenamiento. Es como que yo sabía que tenía que mejorar, pero no sabía cómo hacerlo.

_ Hace 15 años, Crónica te distinguió como uno de los deportistas de proyección. ¿Qué cambio notás en tu personalidad desde aquel tiempo?.

_ Lo recordábamos con mi mamá. Era muy jovencito y tenía muchas ganas de hacer todo muy rápido. El premio de ese año fue muy motivante, también me puse un smoking. Ufff, cuánto tiempo pasó… parece increíble y yo sigo muy enganchado con el ajedrez. Tener este nuevo reconocimiento es como una confirmación que no le erré con dedicarle más tiempo a este deporte que me apasiona. 

_ Para el 2018, ¿qué esperás?.

_ Espero un 2018 de confirmaciones y también de más evolución, porque lo que pasó en 2017 me motiva a seguir buscando mi techo, que -ojalá- esté mucho más arriba todavía. Eso en lo deportivo, pero también espero que nuestro país se acomode mejor, que la gente viva mejor y que nos ayudemos más entre todos.

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