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Lunes 7 Agosto 00:36
Dos historias que reflejan cómo superar ese primer momento cuando el diagnóstico da positivo
Convivir con el VIH: del miedo a morir a la conciencia de poder salir adelante con el virus
Todo era alegría en la familia de Juan hasta que, en una serie de estudios de rutina, a su esposa embarazada le detectaron Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH, también conocido como HIV por sus siglas en inglés).

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“Fue la peor noticia, para ella, para mí y, suponíamos que para el bebé en camino”, recuerda un par de años después de aquel momento.

Como todas las mujeres embarazadas, su esposa tenía que realizarse el test entre otros que indican los médicos. Como la mitad de las personas que tienen el virus en Argentina, lo desconocía.

Tampoco sabía Juan hasta entonces que podría ser portador, “pero me hice el test sospechando que podría darme positivo y fue así, pero lo que más nos preocupaba era el bebé. Creíamos que vendría con el virus”.

Sin embargo, no fue así: los cuidados prenatales posteriores a la detección hicieron que nazca sano. Gracias a estos estudios y a las medidas de prevención disponibles, la transmisión vertical de virus (madre-hijo) no es tan frecuente como años atrás.

De Superman a un mortal

Después del primer impacto vino el enojo, la duda. “De dónde nos contagiamos si no somos promiscuos, si no andamos en cosas raras y todas esas preguntas que vienen porque suponés que el VIH es cosa de homosexuales o de drogadictos o de gente que anda con mucha gente”, rememora Juan.

Ahí se enteraron de que una expareja también tiene el virus y no lo había informado porque tampoco lo sabía al finalizar la relación.

Hoy, ambos padres siguen un tratamiento para no enfermar: “porque otra cosa que te enterás es que VIH no es igual a sida, que podés prevenir la enfermedad, que vas a ver crecer a tus hijos y que, dentro de todo, podés seguir tu vida con normalidad”.

De todas maneras, confiesa que no todos sus seres cercanos (compañeros de trabajo, amigos y algunos familiares) saben que tiene el virus “porque el prejuicio es muy fuerte, porque todavía tenés que explicar que si tomás un mate con ellos no los vas a contagiar por ejemplo”.

Juan se refiere a aquel momento del diagnóstico como un despertar: “yo era re joven, me sentía Superman porque iba a tener un hijo y de repente, esto. De sentirse inmortal uno pasa a tomar conciencia de que te podés morir en cualquier momento, aunque por suerte después sabés que no es en cualquier momento, y que si hacés el tratamiento vas a salir adelante”.

Roberto: “si me voy a morir, no va a ser ya”

Roberto es un hombre de mediana edad, algo corpulento, un trabajador que está acostumbrado a los vientos patagónicos. Tiene “dos hijos grandes”, una casa modesta pero cómoda, le gusta el fútbol y reunirse con amigos.

Hace un tiempo le detectaron el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y su vida cambió para siempre: “cuando te da positivo, se te viene todo el mundo abajo, pensás que te morís al otro día, pero por suerte, el diagnóstico viene de la mano de un montón de cosas más que también son positivas como el apoyo de los profesionales”, recuerda.

Él es uno de los 120.000 argentinos que convive con el virus según las estadísticas. Sigue el tratamiento al pie de la letra (“o casi”, aclara). Es que el diagnóstico lo paralizó, al principio.

Cuenta que algo sospechaba porque no le dieron el resultado sino que lo citaron a ver a una médica, pero la confirmación que recibió ese día lo dejó helado. “Fui al Hospital y la doctora me hablaba, pero después de que me dijo que era positivo, no escuchaba o no entendía nada más. Me explicaba el tratamiento y yo no caía. Pasó un tiempo y recién volví para empezar el tratamiento”, detalla.

En esas semanas, recuerda haber estado mudo, “era como que me iba a morir en cualquier momento, y después, cada vez que hablaba con mis hijos era como que me despedía de ellos hasta que me dijeron ‘basta, papá’ y me obligaron a volver al Hospital”.

Así, se interiorizó sobre esta situación crónica y sobre los cuidados para no enfermar. “No te digo que estoy tranquilo como si tuviera un resfrío, pero aprendí que si me voy a morir, no va a ser ya, ahora, y que puedo pelearle a esto que tengo”, agrega.

Como se contagió en una relación ocasional posterior a su separación, según estima, no conoce el origen de su situación. “Le dije a mi exmujer, a mis hijos y a las parejas que tuve durante más tiempo que se hagan el test y a todos les dio negativo, gracias a Dios”, dice Roberto.

“Ahora tengo una pareja, pero ella no tiene el virus, nos cuidamos por supuesto y ella me cuida mucho a mí”, relata. Su vida hoy transcurre con normalidad, solo que varias veces al día toma las drogas que lo alejan de toda posibilidad de enfermarse. 

Sobre el tratamiento antirretroviral, Roberto comenta que “no es tan complicado y no tiene los efectos secundarios que suponía”. Sí admite que al principio le costó organizarse para tomar los medicamentos: “a veces parece que te vas a olvidar o te dan ganas de dejarlo porque estás bien, pero enseguida te das cuenta que es lo que te mantiene sano”, agrega.

NdR: Los nombres de los pacientes entrevistados fueron modificados, no así sus relatos.

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